CAMINO HACIA LA PASCUA: EVANGELIO Y CONFINAMIENTO DOMINGO DE RESURRECCIÓN Juan 20, 1 – 9

By 12 abril, 2020 Colegio, Pastoral

Y pasó. Inconcebiblemente, pasó. Pasó la oscuridad del viernes santo y dio paso a una luz que, ésta sí, lo rompió todo.

Es la Pascua, el paso de Dios. Jesús, no se aferró a nada. Nada era suyo. Nada retuvo. A nada se aferró, menos a su Padre.

Nada es tuyo. Ni tu presente, ni tu futuro, ni la verdad, ni las personas, ni el cielo ni la tierra, ni tu vida ni tu salud, ni siquiera tu respiración de la que ni siquiera eres consciente. No podemos reclamar no que no es nuestro. Todo es don, es gracia, es regalo. Todo lo tenemos en préstamo para un fin: para pasarlo.

La vida es un juego en el que nos jugamos la vida. Si intentamos retener la pelota, ya no se puede jugar. La pelota es para pasarla, para ampliar tu espacio y ser comunidad, equipo que no teme caer, herirse o embarrase por jugar. Porque el juego implica eso. Y quien se niega a hacerlo, está fuera de juego. Estar vivos es ser cauce para que el agua pase por nosotros, sin retenerla, y puedan existir los ríos que abren caminos al inmenso mar.

Jesús dio el paso. Y lo soltó todo. Y quedó desnudo en brazos de su Padre. Éste paso hizo desvelar la verdad, la realidad. Lo que parecía más irreal en el Gólgota, hoy se descubre como lo único real.

Sólo te regala quien te quiere. Hoy, la luz de Resurrección descubre que lo único real es el amor. Lo único que nada ni nadie podrá con él. El amor crea la vida. La vida y el amor o se regalan o no ni es vida ni es amor. Éste es el juego.

El amor es lo único real, que hace que podamos pasar lo recibido para sentirnos vivos, y que nos predispone a que Dios nos sobrepase. Ahí es donde encontraré mi “yo” más real. El yo empapado del eco liberador de las bienaventuranzas.

Da el paso. Hoy habrá Pascua en tu casa si descubres al Resucitado que, con sonrisa cómplice, mirándote a los ojos, te desafía: “Haz.. que pase.”

¡Felices Pascuas!