-El evangelio de hoy no es sencillo. Nos lleva a implicaciones y aspectos de la FE que debemos tener en cuenta para llevarla a nuestra vida cotidiana. Varias ideas a tener en cuenta.

-La primera, Jesús dice claramente que para seguirle sólo cabe una cosa: el AMOR. Conecta con la lectura del viernes pasado donde deja muy claro el nuevo mandamiento que tenemos que aplicar en todos los contextos, momentos y situaciones que vivamos: “El que me ama guardará mi palabra”. No dice el que conoce mi PALABRA, sino el que ama. A Jesús no se le conoce, se le vive, se le experimenta, porque quiere entablar una relación férrea de amistad con todos y cada uno de nosotros. Y añade para que no quede duda alguna: “El que no me ama no guarda mis palabras”.

-A continuación, habla del espíritu santo, noción que puede costarnos de entender en un mundo donde todo aquello que resulta invisible, no existe. El aire no lo vemos y está ahí. Jesús ahonda en la importancia de lo INVISIBLE, de su fuerza, de su permanencia y presencia en nuestras vidas. Si habéis perdido a alguien que era toda una referencia para vosotros, seguro que notaréis su presencia en recuerdos, en vivencias, en lugares donde os encontrabais con esta persona. Jesús rescata siempre el poder de lo que no se ve, de lo que no puede tocarse. Recordemos cómo comienza El Principito: “No se ve bien si no es con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”.

-Para finalizar, Jesús habla de uno de los retos perennes, estables, que la Humanidad tiene ante sí, que no hemos solucionado y cada cual tiene que poner su granito de arena: “La paz os dejo mi paz os doy”. El resultado de su obra, de su presencia es la PAZ. Es una de las palabras más bellas que existen, pero también de las más costosas. Es necesario hablar de paz, seamos creyentes y no, y no sólo hablar, sino aplicarla, llevarla a cabo.

-Que estos días tengamos presente el poder del amor, de lo invisible en el mundo y de la paz como reto y desafío para toda persona.