-Después de unas semanas de vacaciones, volvemos al momento de reflexión que implica el Rincón de la Palabra. La última vez estábamos a dos días del inicio del Domingo de Ramos, para vivir la Semana Santa y hoy estamos celebrando el tercer domingo de Pascua.

-El evangelio de hoy recoge el significado último y profundo de la resurección. La PASCUA es sobre todo ESPERANZA y ALEGRÍA. No podemos olvidar este mensaje en un mundo donde parece que el desánimo venza constantemente a todas las demás actitudes.

-Precisamente, el evangelio relata las dos caras de la vida. Pedro y los discípulos acaban una jornada de trabajo sin frutos, sin pesca alguna. La vida está siempre por resolverse, incluso cuando nos esforzamos y trabajamos no vienen los resultados. Pedro y sus amigos están desanimados, porque el trabajo no funciona y porque no saben nada de Jesús.

-De pronto, JESÚS, aparece, y les invita a volver al trabajo. Es un modelo de constancia el que nos da Jesús, y esto sirve para creyentes y no creyentes. Es necesario sobreponerse a las dificultades, confiar en nuestras posibilidades y creer que las cosas pueden llevarse a cabo con esfuerzo e ilusión.

-Cuando reconocen que es Jesús después de pescar y de conseguir frutos, se sienta con ellos y se ponen a cenar. Y es cuando se da el otro mensaje del evangelio de hoy. Jesús le pregunta tres veces a Pedro si lo ama. Se lo pregunta tres veces porque ya le negó tres veces. Lo paradójico, lo reseñable, está en que Jesús no lo reprende, sino que le da una función básica y fundamental: dirigir el pueblo de Dios. Después de negarlo, no sólo le perdona, sino que le da tareas, trabajo, confía en él. Aquí está la virtud del evangelio de hoy: mal por bien, traición y negación por confianza y esperanza en las capacidades de las personas.