Presentamos el lema para el curso 2016-17:
Tus manos son mis manos

Un lema aporta sentido y significado a un grupo de personas que comparten expectativas, ilusiones y proyectos. No podía ser diferente en un colegio como el nuestro; un colegio que tiene tres referentes claros: Jesús, el hijo de Dios vivo; María, la madre de Dios y de todos nosotros, modelo de Fe y santuario de los pobres y olvidados; la Iglesia, la institución encargada de llevar el nombre de Dios por la faz de la tierra; Gregorio Gea, quien hizo posible nuestro colegio, lo fundó desde una preocupación radical y evangélica hacia los más pequeños.

Estos cuatro referentes alimentan el lema de este curso: Tus manos son mis manos. En una entrevista reciente que le hicieron al Papa Francisco, decía lo siguiente: “La fragilidad de los tiempos en que vivimos es creer que no existe posibilidad alguna de rescate, una mano que te levanta, un abrazo que te salva, que te perdona, te inunda de un amor infinito, paciente, indulgente; te vuelve a poner en el camino. Necesitamos misericordia”. Misericordia viene de miser- (miserias/necesidades) y –cor, cordis (corazón), es decir poner en el centro del corazón las miserias o necesidades de los demás. Por ello la Pastoral de estos dos próximos años va a girar en torno a las obras de la misericordia. ¿Por qué?

Por muchas razones, te indicamos algunas por si quieres seguir leyendo, FÍJATE:

  1. Tus manos son mis manos porque necesitamos de otros para transformarnos. Necesitamos de nuestros padres, de nuestra familia, de nuestros amigos y compañeros… y de nuestros profesores. La sabiduría no es síntoma de autosuficiencia, sino de saber que cada cual es un regalo de Dios, que somos gracias a los otros. La mayor virtud cristiana es la humildad, ayudar y dejarse ayudar, que tus manos acojan y que sean acogidas: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia”.
  2. Tus manos son mis manos porque no nos conformamos con la injusticia que acampa en nuestro mundo. Queremos que nuestras manos hagan otro mundo posible, puesto que las manos de los demás, son las mías, y las tuyas. Recordemos: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.
  1. Tus manos son mis manos porque no nos conformamos con ir tirando o sobrevivir a las circunstancias diarias. Como discípulos y seguidores de Jesús, tenemos que preguntarnos, tanto profesorado como alumnado: ¿Mi vida da luz a los que me rodean y buscan respuestas a sus interrogantes vitales? ¿Doy sabor a los sinsabores de mis compañeros y compañeras de clase, aunque tenga a los demás en contra?: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”.
  1. Tus manos son mis manos porque al igual que Jesús, los marginados y los pobres de nuestras calles, de nuestra finca, de nuestra panadería, son nuestros privilegiados. Así lo quiso Gea, así lo vivió Gea: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Las bienaventuranzas van a estar muy presentes en todas las actividades que se van a hacer en torno al lema. Ellas representan el camino y la senda que tenemos que transitar bajo la estela de Jesús. Ellas plasman la necesidad de la misericordia en nuestra vida, en la de nuestro colegio y en la de cada persona que lo conforma y lo hace posible. La misericordia que transmite Dios hacia los hombres es producto de la compasión que nos tiene. Para ello comparte nuestra miseria, comparte nuestra indigencia, nuestros sufrimientos y angustias, ya que SUS MANOS, SON LAS NUESTRAS.

No olvidemos las funciones que tienen nuestras manos. En cada una de las razones de nuestra lema, de sus por qué, ahí encontraremos manos amigas, manos hermanas: Tus manos son mis manos.

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Acabamos con una oración que nos puede ayudar todo este curso, ya que nos recuerda la importancia de sentirse ayudado y querido:

Señor,

Sé que me conoces y conoces mis problemas.

Sé que me conoces aun cuando me pierdo.

Sé que cuando todo me falta tú, Señor, estás conmigo.

Sé que me diste a una madre, María.

Tu madre es mi madre.

María es la simplicidad de su presencia, nunca

estuvo ausente. En los momentos en que

la angustia atormentaba las celebraciones de la vida

ella supo reconocer e interceder.

Por eso te pido, oh, madre, intercede por mí.

Cuando se acaba el vino, intercede por mí.

Cuando falta alguna cosa, intercede por mí.

Cuando me pierdo, intercede por mí.

Cuando peco, intercede por mí.

Amado Señor. Gracias por la madre que nos diste,

es una prueba más de tu inmenso amor.

Cuídanos.

Amén.

ACTIVIDADES PASTORAL:

Cal. Liturgico 16-17
pastoral 1