En consonancia con el ideario del Patronato, el área de Pastoral adquiere gran importancia de cara al acompañamiento necesario para que nuestros alumnos crezcan y maduren en todas las dimensiones y, en especial, en la espiritual.Su finalidad es evangelizar sin olvidar a su fundador Gregorio Gea. Para ello el Patronato cuenta con un Departamento de Pastoral, integrado por el Capellán del Patronato y un grupo de profesores de E. Primaria, E. Secundaria y Bachillerato para impulsar, coordinar y acompañar la acción pastoral del colegio para un crecimiento y madurez de la fe de nuestros alumnos.Se programan una serie de actividades que ayudan a conseguir sus objetivos: la oración de la mañana, la celebración de la Eucaristía, el Oratorio, la preparación al sacramento de la confirmación en 1º de Bachillerato, convivencias sociales, campamentos, la renovación de las promesas del bautismo para 3º de E. Primaria; así como la campaña de Solidaridad con el día de la paz y la solidaridad y diversos talleres sobre la Eucaristía, la Oración y el Voluntariado. Conscientes de la necesidad de unión familia-colegio, también se organiza un programa de pastoral familiar, dirigido específicamente a los padres del Colegio.

Presentamos el lema para el curso 2018-19:La Santidad, Nuestro Camino

Gregorio Gea además de ser nuestro fundador de nuestro colegio, es guía para todo aquello que hacemos a diario. Dio su vida por este proyecto educativo, sin reparar en esfuerzos y sacrificios. Fue, es y será para muchos de nosotros un santo. ¿Te atreverías a ser santo o santa en este mundo de hoy? Muchas veces  que nos han hablado de la vida de los santos han omitido sus debilidades, probablemente porque temían que nos escandalizamos al saber que fueron hombres y mujeres como nosotros. El Papa Francisco acaba de escribir y transmitir al mundo entero la necesidad de sr santos, de aplicar la misericordia a todos aquellas personas que nos rodean, que nos necesitan, que nos reclaman nuestra ayuda y presencia con su mirada. De ahí, que el lema que va a vertebrar y va a dar vida a nuestro colegio en este curso 2018/2019 es “La santidad, nuestro camino”.

No estamos pidiendo un imposible. Reconforta comprobar que los que están en los altares no fueron de cera, ni de yeso, ni de plástico, sino, como todos los mortales, de carne y hueso, sufrieron dolores y tenían sus agobios; eran personas comunes que tenían que tomar medicamentos o dormían mal o se distraian rezando.

Muchos libros han puesto a los que han canonizados tan distantes de nosotros, que lo único que podemos hacer es admirarlos. Los ponen tan lejos, tan arriba, tan desligados de todo lo nuestro, que no hay forma de imitarlos. Pero las verdaderas biografías de los héroes cristianos, de otras religiones y no creyentes son como nuestras vidas: ellos luchaban y ganaban, luchaban y perdían y entonces volvían a la lucha.

Los santos fueron posibles por la generosidad en la correspondencia al amor de Dios en su vida ordinaria, en todos los días, los meses, los años en los que no hubo cosas extraordinarias. Es bueno saber que santa Teresita del Niño Jesús tenía una terquedad invencible desde niña; que San Alfonso María de Ligorio tenía un genio muy fuerte; que san Agustín fue un gran pecador antes de su conversión; que santa Teresa de Jesús confesó nunca haber podido rezar un rosario completo sin distraerse; que el Santo Cura de Ars no podía hacer oración y que a la Madre Teresa de Calcuta le era imposible hacer  Oración.

Por ello, la santidad no consiste en subirse a una columna con una palma en la mano y un crucifijo en el pecho. Los santos no son inactivos, siempre se mueven haciendo cosas tan simples como preocuparse por la enfermedad de un hermano, dar de comer al que tiene hambre, compartir con los demás, cumplir con su estudio o su trabajo y hacer con alegría los encargos que les piden. ¿Y cómo podemos llevar la santidad a nuestro colegio para que sea nuestro camino? Muy sencillo: ser capaces de ver y estar atentos a los problemas que nos rodean y afrontarlos con una sonrisa, acompañando a las personas, a nuestros compañeros y compañeras que lo pasan mal. De esa forma podremos experimentar la santidad como nuestro camino, como la guia de aquello que hacemos y somos.

Estos son los santos de hoy, los que van en el metro, rezan a la Virgen, trabajan en la fábrica, escriben en el ordenador, descansan el fin de semana y vuelven todos los lunes al mismo trabajo, preocupándose sólo de hacer extraordinariamente bien aquello que les toca hacer. Santos como tú, como tu papá, como tu mamá, como tus iaios, como un vecino, personas de carne y hueso, que lloran y necesitan ser amados y, sobre todo, AMAR.