Es aquello que define y hace posible a todo este complejo educativo es sencillo porque su referencia es un contemporáneo nuestro, un hombre que vivió casi entre nosotros, nuestro fundador Gregorio Gea. Fueron sus pasos, la forma de encarar los problemas y su relación con sus prójimos lo que va a determinar lo que somos.

Sin embargo, Gregorio Gea, autor y protagonista del Patronato de la Juventud Obrera, fue un miembro de la Iglesia, y cada decisión y logro que realizó fue inspirado por el Evangelio, por Cristo, el Hijo de Dios. Y el Dios de los cristianos es, como se expresa en la Primera Epístola de San Juan, amor. Y que Dios sea, fundamentalmente, amor tiene consecuencias e implicaciones que debemos asumir, y este Centro, en su día a día, lo hace posible en el ámbito educativo.

Para acercarnos a conocer y saber lo que somos necesitamos acudir a la vida de Gregorio Gea. Simplemente una pinceladas para ver cómo aplicaba sus proyectos y preocupaciones al ámbito educativo. Gregorio Gea vivió el siglo XIX. Un tiempo de profundos cambios políticos, económicos y sociales; un tiempo donde se intentó armonizar “el difícil concierto que se plantea entre la libertad y la autoridad, el derecho y el deber, el individuo y la sociedad” (Gregorio Gea, por Manuel Sánchez Navarrete). Conceptos y debates que siguen vigentes y que deben ser todavía afrontados. Gregorio Gea vivió las revoluciones obreras, la creación de los sindicatos y la fuerte pugna entre marxistas y anarquistas. Pero él se identificó con el movimiento obrero cristiano que tiene en la Encíclica de León XIII, Rerum novarum, su texto fundacional en el que se aboga por el desarrollo de una cristianismo social.

La primera particularidad de Gregorio Gea que nos puede orientar es que fue carpintero, igual que Jesús de Nazareth. No fue un hombre erudito ni rico, fue una persona sencilla que supo desde el principio que su apostolado iba a aplicarlo en su ámbito de trabajo. Y así lo hizo en los primeros talleres en los que trabajó, formó a los trabajadores, les impartía doctrina cristiana desde la sencillez y el respeto que tanto le caracterizaban. Su objetivo no era otro que “el retorno del obrero a la fe religiosa, y en aras de esta empresa pone en juego todos los talentos con que Dios le dotara” “Gregorio Gea, Manuel Sánchez Navarrete).Además de visitar enfermos, ayudar a seminaristas pobres o establecer en su casa una escuela de doctrina cristiana para aprendices de los distintos oficios, 1880 resulta el año clave de su vida porque es la semilla, el origen del Patronato de la Juventud Obrera. Caminando por las calles, Gregorio Gea se quedó consternado por el vocabulario y la forma de relacionarse de un grupo de niños. No dejó pasar la oportunidad. Les invitó a su casa, les dio cariño y les introdujo en la visión cristiana. ¿Y si no hacer de esto un proyecto sólido y con sentido? Tras algunas conversaciones y encuentros con unos cuantos amigos, el 29 de mayo de 1884 se aprueban los estatutos de la Sociedad del Patronato de la Juventud Obrera.

Esta breve historia nos señala el motor que impulsó a Gregorio Gea a realizar todos sus ideales: la solidaridad, la caridad que se convierte en responsabilidad frente a mi prójimo. Tanto la situación de los obreros como de los niños de su época fueron el detonante de todo su acción educativa y pedagógica. Esta fue su misión, su forma de servir a Dios. Su mensaje fue claro: el amor a Dios y el amor al prójimo son indivisibles. Su legado, pues, está en nuestras manos y debemos seguirlo a través de las posibilidades que el Colegio Sagrada Familia ofrece a diario.