Nuestra vida, algunas veces, es semejante a la del ciego que abrió a la luz, que se abrió a Dios, que se abrió a su gracia. A veces, lamentablemente, en un poco como la de lo doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, incluso al Señor. Hoy somos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para dar fruto en nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos; todos nosotros somos cristianos, pero todos nosotros todos, algunas veces tenemos comportamientos no cristianos, comportamientos que son pecado. Debemos arrepentirnos de esto, eliminar estos comportamientos para caminar con decisión por el camino de la santidad, que tiene su origen en el Bautismo: “iluminados” por Cristo en el Bautismo, a fin de que podamos compararnos como “hijos de la luz”, con humildad, paciencia, misericordia (30-3-2014).